Sin embargo, podemos hacer hipótesis, aunque no las podamos demostrar y afianzar. Mi hipótesis es ésta: que el chorro no es más que niebla. Entre otras razones, me veo llevado a esta conclusión por consideraciones referentes a la gran dignidad y sublimidad del cachalote: no le considero ningún ser corriente y superficial, en cuanto que es un hecho indiscutido que jamás se le encuentra en fondos bajos ni cerca de las orillas, mientras que las demás ballenas se encuentran ahí a veces. Y estoy convencido que de las cabezas de todos los seres graves y profundos, tales como Platón, Pirrón, el Demonio, Júpiter, Dante, etc., siempre sube un cierto vapor semivisible, mientras piensan profundos pensamientos. Yo, mientras componía un pequeño tratado sobre la eternidad, tuve la curiosodad de poner un espejo delante de mí, y no tardé en ver reglejada una ondulación curiosamente enroscada y enredada en la atmósfera sobre mi cabeza. La inevitable humedad sobre mi cabeza, cuando me sumerjo en profundos pensamientos, tras tomar seis tazas de té caliente en mi buhardilla de sutil tejado, en una tarde de agosto, parece un argumento adicional a favor de la mencionada suposición.

                                                                                              Capítulo LXXXVI

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