No matarás (2019)
Escayola, madera perforada y balas 9 mm Parabellum percutidas
La obra establece un diálogo implícito con Étant Donnés de Marcel Duchamp, donde el espectador es situado en una posición de observación forzada, próxima al voyerismo. En aquel dispositivo, el cuerpo femenino aparece fragmentado y desprovisto de identidad, activando una tensión entre deseo, prohibición y transgresión, inscrita históricamente en una mirada masculina.
En No matarás, la obscenidad no se articula desde lo erótico, sino desde la evidencia de la violencia institucionalizada. Las perforaciones, resultado del impacto de munición reglamentaria, funcionan como signos directos de un acto violento legitimado. La pieza fue utilizada como blanco en prácticas de tiro policial, desplazando la representación hacia una experiencia real de agresión.
El mandamiento que da título a la obra condensa la máxima prohibición de la violencia, al tiempo que revela sus excepciones normativas: la guerra, el control del orden o determinadas decisiones políticas donde el acto de matar adquiere un estatuto legal. La munición 9 mm Parabellum —estándar en los ejércitos de los países de la OTAN— encarna esta paradoja: un proyectil técnicamente optimizado para causar un daño eficaz, limpio en apariencia, pero diseñado para incapacitar el cuerpo.
Como señala Wolfgang Sofsky, la base de la desigualdad social no reside en la propiedad, sino en el arma, entendida no solo como instrumento, sino como portadora de significados culturales. La obra se sitúa en ese cruce entre violencia material y violencia simbólica, evidenciando los mecanismos que normalizan su ejercicio.
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No matarás (2019)
Plaster, perforated wood and struck 9 mm Parabellum bullets
The work establishes an implicit dialogue with Marcel Duchamp's Étant Donnés, where the viewer is placed in a position of forced observation, close to voyeurism. In that device, the female body appears fragmented and devoid of identity, activating a tension between desire, prohibition and transgression, historically inscribed in a male gaze.
In Thou Shalt Not Kill, obscenity is not articulated from the erotic, but from the evidence of institutionalised violence. The perforations, the result of the impact of regulation ammunition, function as direct signs of a legitimised violent act. The piece was used as a target in police shooting practice, shifting the representation towards a real experience of aggression.
The commandment that gives the work its title condenses the maximum prohibition of violence, while revealing its normative exceptions: war, control of order, or certain political decisions where the act of killing acquires legal status. The 9 mm Parabellum ammunition—standard in NATO countries' armies—embodies this paradox: a projectile technically optimised to cause effective damage, clean in appearance, but designed to incapacitate the body.
As Wolfgang Sofsky points out, the basis of social inequality lies not in property, but in the weapon, understood not only as an instrument, but also as a bearer of cultural meanings. The work is situated at the intersection between material violence and symbolic violence, highlighting the mechanisms that normalise i