La epifanía —entendida como una de las experiencias más próximas a lo sagrado— se articula en estos territorios de indeterminación entre la imagen que emerge y la imagen representada. A través de una estética de raigambre pictórica, la obra transita con igual naturalidad por la contención del minimalismo y por las resonancias de las irreverencias manieristas, estableciendo un campo visual de tensiones silenciosas.
La confrontación con sujetos cotidianos, investidos aquí de la solemnidad propia de los grandes personajes de la pintura histórica, activa un desplazamiento temporal que desestabiliza la mirada. La fotografía opera así como un dispositivo de actualización de las tradiciones pictóricas, diluyendo las distancias entre pasado y presente, entre permanencia y mutación de la forma en el espacio.
Los objetos, tratados con idéntica precisión y cuidado formal, participan de esta misma lógica. Una atmósfera de fría suspensión los inscribe en ficciones de eternidad: ficciones inquietantes, atravesadas por una belleza contenida, que parecen rozar —no sin ambigüedad— la vastedad de un antiguo sentido de lo sublime.
EN
Epiphany—understood as one of the experiences closest to the sacred—is articulated in these territories of indeterminacy between the emerging image and the represented image. Through an aesthetic rooted in painting, the work moves with equal naturalness between the restraint of minimalism and the resonances of Mannerist irreverence, establishing a visual field of silent tensions.
The confrontation with everyday subjects, invested here with the solemnity of the great figures of historical painting, activates a temporal displacement that destabilises the gaze. Photography thus operates as a device for updating pictorial traditions, blurring the distances between past and present, between permanence and mutation of form in space.
The objects, treated with identical precision and formal care, participate in this same logic. An atmosphere of cold suspension inscribes them in fictions of eternity: disturbing fictions, traversed by a contained beauty, which seem to touch—not without ambiguity—the vastness of an ancient sense of the sublime.